
En las ocasiones importantes, aunque cada vez con más frecuencia, me tomo la molestia de redactar el menú de lo que van a comer, con cierta calculada rimbombancia, acordándome del desdén con el que se hablaba a veces de los menús franceses, de platos con nombres largos y alambicados, de los que no entendíamos una sola palabra. Algo que, por cierto, ya se ha convertido en habitual en la muy interesante gastronomía española. Yo suelo poner unas copias del menú sobre la mesa, aun a riesgo de ser tachado de petulante. Me da un poco de corte, pero para mí forma parte de la fiesta, del espectáculo, de la provocación y deleite de los sentidos que quiero que contengan mis pequeños festines. Yo creo que el lenguaje, las palabras, activan el apetito, generan expectativas, ilusiones, asociaciones con sabores, momentos, recuerdos,... antes de que se vea el plato que se va a devorar.
El suplemento cultural de El País, Babelia, publicó ayer un artículo de Emilio Lledó, en el que dice: "El lenguaje abre las puertas a la razón y la vida". Las palabras están llenas de una antigua y poderosa fuerza que convoca aquello que designa y dispone su aparición. Genera su presencia virtual. Para mí las palabras tienen un poder extraordinario, una fuerza que mata o hace vivir, que oscurece la vida o la ensalza. Y claro, también por eso me gusta darme el pegote y clavar nombres creativos, divertidos y muy descriptivos a mis platos. De ahí vienen, por ejemplo, estas “galletas de queso con textura de chicle”, resultado de un error de tiempo en horno al hacer la sencilla receta de mi amiga Eugenia. Salvado el rollo, aquí tenéis la receta.
Ingredientes:
1 paquete de queso rallado que funda bien (a mí me gusta el “4 quesos” de El Caserío.
Tomillo, romero,... (opcional)
Precalentar el horno
Poner un trozo de papel vegetal sobre la bandeja del horno
Hacer 12 montoncitos sobre el papel, evitando que estén muy cerca.
Añadir por encima tomillo, romero, u otras hierbas (podéis probar con otras, a ver qué pasa)
Meter al horno: 200 ºC, posición gratinado, altura de bandeja en horno la inmediatamente superior a la del medio, tiempo 8-10 minutos
Así de sencillo. Seguramente pensaréis que para esto menudo paripé que he montado, pero es lo que hay. Como a mí me encanta el queso (prácticamente todos; dejo al margen las horribles tranchetes para sandwich), estas galletas, que suelen quedar crujientes por los bordes y gomosas por el centro, me van mucho. Es un entrante sencillo, resultón, juguetón y... además aprovechas que el horno está caliente para otra cosa que has cocinado y lo sacas a la mesa para que los invitados e invitadas vayan calentando motores.